Hacer una autocrítica

Atticuss Licona | | noviembre 24, 2011 at 7:18 PM

Con la novedad de que el Paquito nos salió bravo, entrón y aguantador como el Cochulito Montiel. Esta semana inició con su entrenamiento de control de esfínteres, proceso que pensé iba a ser angustiante y que nos iba a provocar más dolores de cabeza de los que hasta el momento nos ha causado. El Buen Fin sirvió (cuando menos) para que -pese a mi resistencia de tomar por asalto las tiendas de conveniencia- le compráramos la ropita que iba a necesitar para el inicio de este nuevo trance. Tráigalo con seis muditas de ropa, me dijeron en la guardería, seis pantalones de elástico, seis trucitas, seis pares de calcetines y chanclas de hule. ¿Y todo eso en su loncherita o mejor le armo un itacate? Les dije yo. Aunque la mirada calcinante de la miss valió más que mil columnas.

Para el martes, cuando lo fuimos a dejar a la escuela se me hace que algo ya sospechaba el niño porque cuando lo dejamos con su maleta él debió pensar o que lo mandábamos a un viaje muy largo muy largo o que en toda nuestra actitud había minino enchiquerado. De aquí en adelante tienen que ver a su bebé ya no como bebé sino como un niño grande, nos dijo la miss, y eso no nos dio ninguna tranquilidad, por lo que todos los presentes en la separación, todos a excepción de la méndiga maestra, nos quedamos con ojos de carnero degollado.

A la salida nos dieron el parte de guerra: Tres compañeritos cayeron en batalla debido a bombas fecales que los fulminaron instantáneamente -uno de ellos dos veces, por cierto-; una compañerita participó en una escaramuza entre una de las asistentes y la maestra de la cual no salió bien librada pues mientras una la sentaba en el bacín la otra le hacía musarañas distractoras, pero se le pasó la distracción y la granada le explotó en las manos; otra pareja de compañeritos se había extraviado en el fragor de la contienda y aunque sus ropajes fueron buscados con denuedo sólo se encontraron derelictos; y por último… el Paquito que aunque no salió indemne pues mojó en una ocasión su ropa, se comportó, dentro de lo que cabe bastante bien.

Lo que aún nos da dolores cabeza es la noche que es cuando se generan las más crudas batallas. Ya no sabemos si yo me paso a su cuarto, si me regreso y se pasa Karla, si se regresa Karla y se mete mi Tlacoyo, lo que sea es bueno para intentar que se calme de ese sentimiento tan desgarrador que lo atrona por las noches.

Aún así ahí la lleva, han sido tardes pesadas y complicadas noches… bueno, me han contado porque yo he tenido o muchas cosas que hacer en la calle o me he inventado muchas cosas que hacer en la calle, y la mayor parte de la descervicalera se la ha llevado la Karla que con resistencia israelita ha tomado la situación esfinterezca por los cuernos y a estas alturas de la semana lleva gran avance. A este paso en menos de lo que canta un gallo desplumado estaremos presenciando su graduación. Porque el tiempo pasa así, a dos velocidades, una lenta y una rápida, como en dos dimensiones o dos mundos o dos realidades. Es el rompimiento de lo conocido y que nos infunde un temor gigantesco a no discernir en qué mundo querer vivir pues benditos quienes se conforman con vivir a lo lento como benditos aquellos que quieren vivir la vida en un instante.

Los segundos se hacen años y tal vez eso sea el paraíso, vivir lentamente, que todo a nuestro alrededor se mueva lento y nosotros apreciemos cualquier movimiento o cualquier distancia e incluso cualquier sueño, sería casi como la inmortalidad, no morir jamás aunque eso sea herejía. Pero luego volteamos y esos segundos que tardaron años los recordamos todos juntos y nos damos cuenta que el tiempo pasó volando con la velocidad en que un niño aprende a ir al baño y es entonces cuando comprendemos que entre más momentos podemos compactar en una milésima de tiempo es cuando más prontos del infierno estamos, aunque eso también sea algo parecido a una herejía. El tiempo, tan relativo, sin embargo es lo único que tenemos. Ya ven, ya se nos fue noviembre y en un periquete estaremos adornando las casas navideñamente y sacaremos el árbol y le pondremos esferas y estaremos celebrando el año nuevo como una forma de volver a empezar, como si el año nuevo nos diera una segunda oportunidad para hacer las cosas bien y los últimos segundos del año se nos hacen pesados y todo para que dentro de un año, si es que aquí seguimos, podamos volver a empezar.

Hoy no hablo de política porque como dijera Fernando Savater “la crítica a los políticos no es creíble más que cuando los ciudadanos no son capaces de hacer autocrítica. Y no se ve más que una crítica de los políticos, como si los políticos hubieran llegado en unas naves extraterrestres para causar el daño en la tierra”. Así que mejor dedicaré este fin de semana a autoevaluarme y autocriticarme para volver la próxima semana con todas las ganas, total, verán que el fin de semana se nos va volando.

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1 comentario

  1. Lizeth Herrera dice:

    pasame tu direccion para contactarte.

    Feliz A;o

    Liz Cocoletzi

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