El credo de Tagore; poesía y educación (Segunda de dos partes)

El credo de Tagore; poesía y educación

SEGUNDA DE DOS PARTES

 

Por: Guillermo H. Zúñiga Martínez

 

 

El criterio pedagógico de Tagore podría sintetizarse de la siguiente manera: la enseñanza debe ser actual y variada, nutrir el corazón igual que el intelecto, que el contenido de la enseñanza no se convierta en algo irreal, pesado y abstracto y que los alumnos no sólo aprendan en la clase: en otras palabras, que el alumno viva y conviva con los demás, en y con la sociedad. Ésta es la solución a la crisis educativa actual. Su nobleza de alma lo conducía al origen del esplendor de las costumbres indias. La India antigua le recordaba a los gurús que eran maestros y directores espirituales a la vez; para emplear sus propias palabras, “seres humanos, y no máquinas de enseñar”. Añoraba aquella educación que recibieron sus antepasados, nada cargada de materias y en perfecto acuerdo con las ideas y opiniones imperantes en aquella época, donde la escuela era sinónimo de hogar. Deseaba, sin dudas, que los discípulos convivieran con los de los tols y chatuspathis (alude a dos escuelas distintas, en la primera se estudia el sánscrito, con la segunda palabra se designa a las escuelas populares donde se aprende los cuatro Vedas).

 

El pensador hindú fue un místico, siempre alabó a Dios y creyó en los designios divinos. Esto explica por qué recomendó siempre que los niños y los jóvenes crecieran en libertad y en medio de­ la naturaleza. Nunca fue, expresaba, deseo de la Providencia que los humanos naciésemos en ciudades y viviéramos en recintos de ladrillo y piedra. “Es imposible que un muchacho se desarrolle saludablemente si ha de engullir aprisa y corriendo su desayuno para estar presente en la escuela a la hora de pasar lista, como si hubiera de comparecer ante la policía. ¡Cómo hacemos padecer a la juventud encerrando la educación entre muros y rejas custodiados por guardianes. Esto es lo que pasa en la actualidad y la sociedad lo acepta con la mayor indiferencia. Nos hemos conformado con creer que lo mejor para los alumnos en enviarlos a un edificio donde en­contrarán amigos generalmente de la misma edad y mentores dispuestos a enseñar los contenidos de un programa. Nos hemos olvidado que pueden existir otras alternativas para educar a nuestros hijos, y de repente voces obscuras siguen defendiendo sistemas tradicionales, sí tradicionales, creyendo que perfeccionando la institución se van a perfeccionar a sí mismos, soslayando que lo que falla no es la institución, sino el mismo hombre. Son muchos los partidarios de la educación actual porque la inmensa mayoría de los mentores hacen lo que hicieron con ellos: sentarlos en un pupitre y llenarlos de conocimientos, por eso Tagore afirmaba con toda objetividad que “el saber libresco sólo hace pedantes. Es cuantitativo y estático, acu­mula, atesora, y guarda bajo llaves. La cultura sólo se desarrolla, se mueve y se multiplica en contacto con la vida”.

 

Deseamos que usted se deleite con la bella forma de pensar de un poeta y maestro admirado por todos. Veamos qué anhelaba para los niños: “Dejemos, pues, que los niños jueguen bajo el cielo azul, donde también juegan el sol y las nubes. Que nunca se aparten del Bhuma, el espíritu supremo. Dejemos que vean cómo el sol abre las puertas del día con sus radiantes manos y cómo se desvanece la dulce luz. de la tarde en la noche sembrada de estrellas. Dejad que asistan al espectáculo en seis actos llenos de armonía, que pone en escena la naturaleza a través de las seis estaciones del año (el año indio se divide así: verano, lluvias, otoño, época de rocío, invierno y primavera. Que oigan el rugir del trueno y vean cómo las nubes ensombrecen el bosque antes de estallar en torrentes. Y cuando la lluvia haya cesado, dejemos que contemplen las verdes praderas desbordantes de espigas, que ondulan al viento hasta el lejano horizonte.”

 

Insistiremos una vez más, a pesar de que muchos maestros no estén de acuerdo con la línea que -débil y traslúcida- hemos adoptado sobre la importancia de huir de la escuela actual, hasta donde sea posible, transcribiendo para finalizar esta modesta divulgación, otro pensamiento de Tagore: “La educación verdadera consiste en demostrar en todo momento hasta qué punto nuestros conocimientos y formación están orgánicamente ligados a nuestro medio ambiente.”

 

ghector42@hotmail.com

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