¿Certificación y acreditación de programas académicos?

¿Certificación y acreditación de programas académicos?

 

Primavera, 2016

Por: Amando Octavio Domínguez Ruiz

 

Para acreditar la calidad de los programas académicos en las universidades se requiere de la participación de directivos, profesores, alumnos y egresados que acepten colaborar en entrevistas o resolución de encuestas que permitan conocer opiniones y puntos de vista, entre quienes viven o han vivido en su institución la relación y correspondencia entre lo propuesto en la misión y visión institucionales y los objetivos diseñados para programas académicos y la manera que éstos responden a lo especificado en el perfil de egreso versus los resultados que de estos propósitos obtienen en la práctica.

Cuando conocemos los fines de la institución, su misión y visión y, comparamos éstos, con las actividades y metodología que utilizamos para alcanzar los mismos, se inicia el proceso de evaluación que determina los logros y nivel alcanzados como factores básicos que dan a conocer la calidad de sus programas académicos.

En este proceso de evaluación debemos considerar dos dimensiones: a) la consistencia externa que resulta del conocer lo que los empleadores o mercado laboral demandan de la institución educativa para asegurar la pertinencia de sus finalidades y, b) la consistencia interna que permite trasladar los requerimientos laborales externos y compararlos con las características y principios señalados en los programas institucionales. Estos elementos forman parte de la Acreditación.

Cuando una institución de educación superior solicita la acreditación de sus programas académicos inicia el proceso de valorar mediante la participación de instancias evaluadoras o grupos externos (pares) que generalmente basan su trabajo en estándares preestablecidos y recogen evidencias que son rigurosamente analizadas para dictaminar los niveles de calidad, pertinencia y eficiencia alcanzadas.

No obstante, una parte de la práctica nos demuestra que no todo lo que brilla es oro, Buendía, 2011 comenta que las recomendaciones que frecuentemente permean en el grupo de expertos (pares) o instancia evaluadora, son de carácter estructural como el mobiliario y equipo, aulas, baños y otros servicios y hacen a un lado los aspectos sustantivos (académicos).

Es preocupante que la valoración y acreditación de programas académicos en nuestro país, con frecuencia, no cede a las tentaciones de la simulación para mostrar que son de buena calidad, sin serlo, con la única finalidad de servir a la mercadotecnia publicitaria buscando que sus potenciales solicitantes caigan en el garlito de una pseudo calidad académica. Cuando esto sucede la institución fraudulenta continua con sus viejas prácticas sin que aplique las mejoras que fueron sugeridas por el equipo evaluador.

Resulta pues impostergable señalar que el grupo evaluador deberá privilegiar la revisión de los programas de vinculación entre la universidad y sus empleadores de tal forma que éstos guarden congruencia entre el diseño de sus planes y programas de estudio con la situación que prevalece en los niveles de empleo de sus egresados. De igual manera, se requiere revisar también los programas de servicio social como reforzadores del vínculo entre campo laboral y universidad, ya que el medio laboral representa un importante espacio de influencia de las casas de estudio con la sociedad.

Debemos utilizar todos los mecanismos que estén a nuestro alcance para evitar caer en penosas prácticas desleales para las instituciones y para todos aquellos que utilizan sus servicios confiando en que estudian con programas evaluados y acreditados, cuando en realidad obtienen esa calificación y acreditación gracias a la deshonestidad, al dinero o favores que reciben los organismos evaluadores y certificadores.

La preocupación de las casas de estudio de nivel superior por mejorar la calidad de los servicios que ofrecen ha significado en las últimas dos décadas, una serie de acciones para impulsar procesos de evaluación y acreditación de programas académicos a través de instancias evaluadoras y acreditadoras, que sean confiables y garanticen, al igual que los programas de certificación de docentes y estudiantes y procesos de gestión, honestidad en sus mediciones y calificaciones evitando en todo momento caer en tentaciones de simulación y desconfianza que den por sentado que existe calidad donde no la hay.

Apelamos a que las casas de estudio de nivel superior respeten y basen su comportamiento en el código de ética y conducta que debe regir su transparente actuar…

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