Un ciego en Machu-Picchu

Evaristo Morales Huertas | | enero 9, 2012 at 6:59 PM

Nueve hectáreas de terreno construido constituye el centro ceremonial de Machu Picchu; cinco corresponden al área destinada  a la nobleza y templos y cuatro destinadas al pueblo y  clase militar; se ubica en uno de los cientos de picos que constituyen los Andes Peruanos a 2200 metros de altura, es decir, 1100 metros más bajo de la Ciudad de Cusco que se ubica sobre los 3300 metros sobre el nivel del mar.


Machu Picchu es la puerta de entrada a la selva amazónica y  tuvo su periodo de florecimiento del año 1150 después de  la era cristiana, hasta 1530 que es la fecha de llegada de  los españoles a tierras Peruanas, comandados por Francisco Pizarro.


Un acantilado rocoso  fue pacientemente removido para darle la forma que ahora presenta, esta la ciudad perdida de los Incas; la misma piedra removida fue suficiente para alzar los templos  y habitaciones reales que   no fueron alcanzados por la furia destructora del conquistador religioso de América: El cristianismo. Aquí no sucedió  como en Cusco y la gran Tenochtitlán que prácticamente fueron arrasadas de la faz de la tierra para construir los adefesios llamados templos cristianos que hiciesen olvidar a nuestros hermanos indios, sus costumbres y sus dioses.

A los pies de Machu Picchu corre, impetuoso pero majestuoso, el Río  conocido por los Incas como el Huilcamayo  o río sagrado, hoy río Urubamba, cuyas aguas tienen como destino  final el río Orinoco que constituye uno de los principales afluentes del gran Río Amazonas que va desembocar en el océano Atlántico.


Dentro del numeroso grupo que íbamos escuchando los comentarios del guía, unos ciertos y otros exagerados, sobresalía un señor no mayor de 50 años acompañado tal vez de su esposa, el cual con atención oía las explicaciones y después era conducido por su acompañante para que tocase las piedras de cada una de las construcciones donde íbamos pasando.


Notaba que lo hacía con cariño y ternura, como si estuviese acariciando a un niño, recorriendo con las palmas de sus manos y  las yemas de sus dedos, hasta donde su altura se lo permitía, cada sinuosidad del material rocoso,  finamente empalmado de manera casi imperceptible.


Así transcurrieron las tres horas que duró la visita guiada y  durante las cuales hacía comentarios y preguntas como cualquiera de los veinte que conformábamos el grupo, de tal suerte que confieso no haber percibido ningún signo de parte suya que indicase se trataba de un invidente.


Fue hasta la municipalidad de Agua Caliente, perteneciente a la provincia  de Urubamba que nos detuvimos para comer, donde pude percatarme que se trataba de un compañero de viaje en la ciudad sagrada de los Incas, al que el gran Arquitecto del Universo, no le permitió el don de la vista que muchos tenemos y desgraciadamente no sabemos usar.


Que un ciego pueda ver mejor que quienes tenemos este sentido, con  sólo posar sus manos y dedos sobre una obra grandiosa como son las construcciones de Machu Picchu y las valore en toda su grandeza, es algo que cimbró mi espíritu y resaltó la pequeñez de los humanos a quien la naturaleza dotó de todo. - HASTA DENTRO DE OCHO DIAS, SI EL QUE MANDA NO ORDENA OTRA COSA.


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Enero 07 del 2012.

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