Tiempo de pensar… No confundir

José Luis Rangel Martínez | | diciembre 5, 2011 at 11:04 PM

Por José Luis Rangel Martínez

Al parecer, existe consenso en el sentido de que la educación representa una de las áreas más importantes para el desarrollo de la sociedad. Sin embargo, cuando se incursiona en el análisis de la problemática educativa se da pauta al surgimiento de grandes discusiones. Es muy probable que si las prioridades de nuestro país se tuvieran que resumir en cinco grandes temas, éstos incluirían: seguridad pública, generación de empleos, salud, educación y vivienda. Es fácil anticipar que los partidos políticos y sus candidatos presidenciales en los comicios que se aproximan resaltarán en sus propuestas de campaña los aspectos antes mencionados.

La educación pública en nuestro país, desde el nivel preescolar hasta el superior, ha enfrentado un sigiloso y lento proceso privatizador en las dos décadas recientes, el cual ha obedecido principalmente a la implementación del modelo económico neoliberal, tendencia internacional que sostiene la tesis de que el Estado debe reducir al mínimo su intervención en los asuntos públicos y crear las condiciones propicias para que las empresas privadas sean quienes detonen la actividad económica y participen de manera significativa aún en tareas de alto contenido social.

Sin lugar a dudas, dicha dinámica ha contribuido a que se pongan en entredicho algunos de los principios establecidos en el artículo 3° constitucional como el derecho que todo individuo tiene a recibir educación, ya que año con año miles de jóvenes ven frustradas sus posibilidades de cursar estudios de nivel medio superior y superior; o el laicismo, toda vez que infinidad de escuelas particulares de todos los niveles son de carácter confesional; o la gratuidad, que muchos quisiéramos pero que cada vez resulta más lejana.

Lo anterior viene a colación en virtud de que hay quienes todavía –seguramente por ignorancia- tienen confusión en torno a lo que es y lo que representa en términos sociales la novísima Universidad Popular Autónoma de Veracruz. Por principio de cuentas hay que señalar que la universidad es el espacio natural para libre expresión de las ideas, es el sitio idóneo para la reflexión y la crítica, es también el lugar para la construcción de las grandes transformaciones sociales. En la universidad subyacen valores éticos fundamentales como el respeto, la honestidad, la solidaridad, la tolerancia y muchos más. En este tenor, a quienes estamos vinculados al ámbito académico nos es interesante conocer las opiniones que día a día van surgiendo en torno a la UPAV. Más allá de comentarios malsanos y debates estériles que muy poco o nada aportan a la discusión de las ideas, para quien esto escribe resulta natural, ético, legal, legítimo, y comprensible que desde diferentes ámbitos se escuchen voces que formulen cuestionamientos en torno a la nueva universidad de Veracruz, ya que esta es una de las maneras de nutrir y consolidar las instituciones. En razón de lo anterior, me parece oportuno abordar algunos tópicos que, aunque cada vez menos, todavía generan algún tipo de inquietud.

Uno de ellos tiene que ver con lo relativo a la validez de los estudios. Ya se ha expresado en oportunidades anteriores que la Universidad Popular Autónoma de Veracruz es una institución educativa de carácter público que fue creada mediante la Ley No. 276, publicada en la Gaceta Oficial del Gobierno del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave en su número extraordinario 236 de fecha 1 de agosto de 2011. Dicho ordenamiento jurídico dispone en su artículo 10 las atribuciones de la UPAV, y, en la fracción II, señala que esta universidad podrá: “Impartir educación media superior y superior, para formar estudiantes y profesionales con conocimientos suficientes y pertinentes que el Estado y el país requieran;”. Asimismo, la fracción III menciona como otra atribución la consistente en: “Formular, diseñar y aprobar sus planes educativos y programas de estudios, así como establecer las modalidades pertinentes para atender la demanda en educación técnica, media superior, superior, posgrado, capacitación y formación para el trabajo e investigación, de la población adulta, en atención a los requerimientos de las comunidades que permitan la promoción del desarrollo general;”.

De lo anterior se desprende que los estudios que se realicen en la UPAV tienen validez y legalidad. Por si esto no fuera suficiente habrá que recordar que el pasado mes de octubre el Gobernador del Estado, Dr. Javier Duarte de Ochoa, acudió al auditorio de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen” a entregar constancias y títulos a cientos de aprendientes egresados de bachillerato, carreras técnicas, licenciatura, maestría y doctorado. Con dicha acción, el primer mandatario veracruzano respaldó el trabajo que la nueva universidad de Veracruz, creada por él, lleva a cabo en todo el estado.

Otro asunto que algunos cuestionan y que genera dudas tiene que ver con el carácter popular de la universidad. El yerro en el que muchos incurren es en confundir que por ser popular debe ser gratuita. Desde luego que sería maravilloso que los aprendientes no invirtieran cantidad monetaria alguna en la realización de sus estudios, desafortunadamente, nos guste o no, las condiciones económicas internacionales y del país no lo permiten, y hoy en día uno de los principales problemas que enfrentan las universidades públicas tiene que ver precisamente con su financiamiento. Por otro lado, las cuotas de recuperación que los aprendientes tienen que cubrir son bajas en relación con lo que cobran las escuelas particulares, cuya principal finalidad es producir utilidades.

La UPAV es popular porque es la universidad del pueblo, de la gente común y corriente. Es la casa de estudios de todos los veracruzanos y especialmente de los sectores de la sociedad menos favorecidos. De las personas que habitan en las localidades más apartadas de la entidad y que, curiosamente, no protestan ni se quejan por contribuir al sostenimiento de su universidad. De los adultos que jamás tuvieron la oportunidad de cursar una carrera y que en la UPAV la han encontrado. Por ello, es penoso que haya quienes no entiendan o, motivados por intereses facciosos, no quieran entender la trascendente labor que la UPAV lleva a cabo en bien de la sociedad.

Finalmente, las necesidades del pueblo veracruzano y la razón de ser de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz no son de carácter conceptual y mucho menos de lucro, son mucho más profundas. En la UPAV, lo verdaderamente importante consiste en atender el rezago educativo en la entidad y hacer efectivo el derecho a la educación y, de esta manera, contribuir a la construcción de una sociedad más libre, más justa y más próspera. De cualquier forma, mis respetos para quienes no lo ven así. Es cuanto…


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