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El fin de una era

Guillermo H. Zúñiga Martínez | Tiempo de Veracruz | marzo 5, 2011 at 3:06 AM


Por: Guillermo H. Zúñiga Martínez

 

Me invitaron -la semana pasada- a comentar un nuevo libro de Alfredo Bielma Villanueva, titulado “El fin de una era: De la hegemonía a la oposición”. Lo leí con gusto porque esta edición de El Colegio de  Veracruz no tan sólo me recuerda otras obras con el mismo tema como las de  Vicente Fuentes Díaz y Miguel Osorio Marbán, o la colectiva que publicó el Partido Revolucionario Institucional para dar a conocer los orígenes y desarrollo de un instituto político que, a pesar de todas las críticas, fue y es instrumento de superación y prosperidad nacionales, así como también factor principal de los matices democráticos que registra nuestro país.

Me agrada mucho la intensidad de la investigación del autor, porque analiza las circunstancias que motivaron los movimientos reivindicatorios encabezados por Francisco I. Madero y Carranza, así como las distintas corrientes ideológicas y sus protagonistas;  da cuenta en forma sucinta sobre lo que realizaron revolucionarios que todo mexicano debe llevar en la memoria como lo fueron Francisco Villa, Emiliano Zapata, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles,  y los episodios magníficos que se vivieron, por ejemplo, durante la Presidencia que ocupó temporalmente el destacado abogado tamaulipeco Emilio Portes Gil porque en ese lapso tan corto se otorgó la autonomía a la Universidad Nacional de México, se acordaron las condiciones para la pacificación del país y se hizo una gran labor política que permitió posteriormente avanzar bajo el mando del maximato encarnado en la personalidad de Plutarco Elías Calles.

También  hace un balance muy singular sobre el régimen del General Lázaro Cárdenas del Rio, sin dejar inadvertidos los sucesos que tuvieron lugar durante los períodos de Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Abunda sobre el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario, da a conocer los pormenores del surgimiento y estudia las circunstancias de carácter nacional que se identificaban abiertamente con la presencia de caudillos, caciques y hombres poderosos en cada uno de los Estados de la Federación, así como del dinamismo de organismos políticos que luchaban desordenadamente por alcanzar el poder.

Para mí, lo más importante es el sereno y concienzudo estudio que hace sobre los distintos contextos en que se desarrollaron procesos electorales de carácter local y sus valoraciones sobre gobernantes como Fernando López Arias, Rafael Murillo Vidal, Rafael Hernández Ochoa, Agustín Acosta Lagunes, Fernando Gutiérrez Barrios y Patricio Chirinos, porque de ello se desprenden datos muy valiosos debido a la presencia de decisiones equivocadas o determinaciones políticas que llevaron al triunfo o al fracaso al partido tricolor, y narra cómo muchos personajes -que aún viven- practicaron de manera abierta el trapecismo político, unos con red y otros sin ella, pero son ejemplo de lo que ahora se conoce como pluralidad o descaro políticos.

Traicionar al partido en el que se milita, se cree que a veces purifica, que borra todos y cada uno de los errores cometidos en el ejercicio del poder, la sociedad misma acepta que quienes en un tiempo defendieron la Declaración de Principios del Institucional, ahora exageren sus elogios a favor de otras tesis políticas y, obviamente, este libro registra el nacimiento, desarrollo y desaparición de partidos políticos en Veracruz  y adjetiviza a muchos actores que cuando no obtuvieron el favor o la comprensión de los gobernantes en turno, no dudaron en improvisar partidos como fueron el PAC en Coatzacoalcos con Francisco Kin Hernández, el partido liberal pozarricense o la militancia momentánea de Raúl Pazzi en el PPS en Pánuco o de Tremari en Papantla, mismos que alcanzaron el poder derrotando abiertamente a un priismo anquilosado, obsoleto, dividido y que se negaba a modernizarse.

Por otra parte, Bielma nos habla de los diputados de partido creados con base en la reforma constitucional de 1963, durante el régimen de don Adolfo López Mateos; hace un balance del principio de representación proporcional que se aceptó en el año de 1977, siendo Secretario de Gobernación don Jesús Reyes Heroles, quien tenía colaboradores que muchos hemos conocido, como José Luis Lamadrid, Gabino Fraga, Mario Vargas Saldaña, José Lima Cobos y otros que participaron en el diseño de la LOPPE, así como también se ocupa del Tribunal Federal Electoral, datos fehacientes de que el PRI siempre ha estado atento a responder a las inquietudes ciudadanas.

Manifiesto mi acuerdo pleno con las palabras de José Francisco Yunes Zorrilla cuando en el prólogo señala que El Fin de una Era “producirá importantes elementos de juicio para entender un lapso de nuestra historia relacionada con las bases públicas que explican el México contemporáneo, a través del análisis electoral de los municipios veracruzanos”.

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