Una mirada al rico menú!

Ramón Durón Ruiz | | abril 11, 2013 at 2:44 PM

EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

¡UNA MIRADA AL RICO MENÚ!

Por Ramón Durón Ruiz

En mi reciente libro VIDA Y TRASCENDENCIA EN UN “PUEBLO MÁGICO”, tuve el gusto de viajar largo tiempo a Tula, Tamaulipas, disfrutando el honor de entrevistar a los “viejos” sabios del pueblo: doctores, médicos tradicionales, cronistas, rezanderas, cantadores, sepultureros, trabajadores de funerarias, gente que durante varias generaciones ha llevado a cabo las prácticas tanatoantropológicas en torno a la muerte.
Es un regalo de vida charlar con ellos, con su profundo sentido entorno a la vida y también a la muerte desamodorran mi ser, con una sencilla pedagogía, me llevan de la mano a los entresijos del universo, son recipiendarios de una excepcional tradición oral que me cautiva.
Para ellos la vida es un ritual tan sagrado como divino. Lo mismo hablan de cómo en el “Pueblo Mágico” se viven los tres eventos cumbres del ser humano: el nacimiento, el matrimonio o la muerte, que de una sabia naturaleza que está a nuestra disposición para sanarnos y nutrirnos.
Por ejemplo, al charlar sobre el Sol, dicen que es tal su potestad, tan enorme su fuente de poder, bienestar, vitalidad y de salud, que el mundo gira a su alrededor.
Ellos, doctorados en la universidad de la vida, afirman que cuando hay una relación armónica con el Sol, se fortalece desde el sistema inmunológico y el nervioso, hasta la vista; a la vez que se procesa apropiadamente la vitamina “D” –que dicen ellos– que ayuda a los huesos al enriquecerlos con calcio; ataca enfermedades pulmonares; regula el adecuado funcionamiento intestinal, el hambre y el sueño.
Ellos, en fin sabios por herencia y por derecho propio, afirman que su tradición les dicta que vivimos en un mundo de símbolos en el que el Sol está vinculado al principio masculino y la Luna al femenino.
Afirman que el Sol mantiene una constante en su rumbo y forma, mientras que su contraparte la Luna es caprichosa, además de poseer varias fases lunares, también tiene una forma diferente para iniciar y terminar la noche.
El poder de la Luna eleva la fuerza de la marea, los árboles que se cortan en Luna llena no se apolillan, este astro marca el ritmo de los ciclos de la mujer al regular su menstruación, según su tradición es por la ionización que la Luna concibe, es tal su poder que en la fiesta solemne del jueves santo, siempre hay Luna llena.
Platicar con un abuelo del “Pueblo Mágico” de Tula Tamaulipas, es un verdadero deleite, un placer, una tras otra se van sucediendo las lecciones, ellos tienen muchas cosas que enseñar y yo demasiado que aprender, aunque mi presencia se debía a investigar la vida y la muerte, ellos tienen tema pa’ todo.
Cuando iba a bolearme a la plaza, disfrutaba de las puntuales campanadas del reloj que marca la historia del pueblo y degustando la rica nieve de garambullo, me decían que cuesta lo mismo andar de malas, que de buenas, sólo que los resultados en la química orgánica y en la vida son diferentes.
Vivir de malas además de que te envejece más rápidamente, eleva la producción de cortisol y con ello liberas grasas, que al poco tiempo será colesterol malo, aumentando los riesgos de tu salud, ya que en ese estado emocional provocas que tu corazón bombee innecesariamente más sangre al cuerpo, a la vez que este elabora más plaquetas y pone en alerta al sistema inmunológico con la consecuente fatiga.
Para las hermosas abuelas de este “Pueblo Mágico” andar de buenas, pleno de alegría y con una sonrisa en los labios, hace que te enamores de la vida o mejor dicho, que la vida te mire con buenos ojos y se enamore de ti, porque con los químicos de la felicidad llegan “micro-reparadores” que elevan tu autoestima y optimizan tu nivel de vida.
A propósito, el Padre Chuyo iba por la calle Hidalgo con un amigo, cuando al llegar a la esquina, una joven llena de incandescente y voluptuosa sexualidad, con un cadencioso caminar y con una minifalda que no dejaba nada a la imaginación, se topa con ellos. El sacerdote con su mirada la recorre ávidamente de arriba abajo y le dice a su acompañante:
—¡¡Pero qué preciosidad de mujer!!
—¡Padre!, yo pensé que ustedes los sacerdotes no se fijaban en esas cosas.
—¡Momento! –Suelta el Padre Chuyo– el hecho de que yo esté a dieta… ¡no quiere decir, que no le pueda echar una mirada al rico menú!
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